Arte y Cultura | Descubriendo a Jean Leon

Víctor Conde: “Soy un soñador y creo que él también lo era. Eso es lo que más me conecta con la personalidad de Jean Leon.”

Jean Leon

Jean Leon me dijo: ¿Cuál es tu artista favorito de Hollywood? Y yo dije que Natalie Wood porque siempre fue mi actriz favorita y me contestó: “Éramos muy amigos con Natalie, íbamos a su casa a pasar alguna velada”

Dramaturgo, director de teatro y cineasta. Su trabajo incluye: la dirección de grandes musicales como Los Miserables o Macbeth hasta la producción de obras propias como Venus (en la que, actualmente, está inmerso).

Víctor Conde es un soñador que (como Jean Leon) ha tenido la suficiente valentía de satisfacer ardientemente su vocación. Antes de empezar su carrera tuvo la oportunidad de comer con el mismísimo Jean Leon en La Scala. Aún recuerda con cariño la conversación que mantuvo con él.

¿En qué momento empezó tu historia de amor con el arte?

Siempre. Mis padres habían sido actores de teatro. Era una cosa que siempre estaba en casa, incluso antes de que yo me diese cuenta. Teníamos una gran librería y empecé a leer teatro… Empecé a ver y leer teatro desde muy jovencito. Al final, sólo me interesaba la ficción, las historias y esa manera de crear sentimientos. En cierto modo, no hubo otra opción, fue algo muy natural.

¿Ha sido difícil para ti llegar hasta aquí?

Aun no sé dónde he llegado. Yo voy haciendo… Y de repente me doy cuenta de que ha pasado mucho tiempo y que hay algo parecido a una trayectoria, a un cúmulo de títulos y de obras que he hecho. Sin embargo, lo que siento es diferente. Tengo la sensación de que me queda mucho por hacer. Aunque sí es verdad que me ha costado mucho llegar hasta aquí. Nunca he perdido la ilusión y creo que al final ese ha sido el motor en este caminar.

¿Has tenido que sacrificar muchas cosas?

Sí, he tenido que sacrificar cosas… Pero no las recuerdo. O, al menos, no las he vivido como un sacrificio. He tenido que dejar mi ciudad, mi familia y mis amigos. Incluso a veces he tenido que viajar, trabajar en el extranjero y pasar largas épocas lejos de casa. Sin embargo, no veo todo eso como una renuncia. Lo veo como las puertas que hay que cruzar para hacer cosas. No me gusta pensar en llegar a lugares, sino en hacer cosas.

Es curioso porque, escuchando tu historia, descubrimos un cierto paralelismo con la vida de emprendimiento y aventura que tuvo Jean Leon… ¿Crees que hay algo de Jean Leon en ti?

Realmente creo que soy un soñador y creo que él también lo era. No se entiende una trayectoria como la suya sin ser una persona que tenga sueños. Yo creo que eso es lo que más me conecta con la personalidad de Jean Leon. El ser un soñador.

“Creo que soy un soñador y creo que él también lo era”

¿Cómo fue este encuentro con Jean Leon?

Un contacto familiar (Pascual Iranzo) me presentó a Jean Leon. Cuando Iranzo se enteró de que yo me iba a vivir a Los Ángeles, me dijo: “te voy a presentar a un amigo mío”. Un día, en su peluquería del Paseo de Gracia me lo presentó. Jean Leon me miró y me dijo: “Te vas a Los Ángeles, te voy a dar mi teléfono.” Cogió un sobre y me escribió allí el teléfono con su nombre y el de su restaurante La Scala. Yo era muy jovencito y me fui a vivir a Estados Unidos porque había estudiado cine en Barcelona. Me cogí una maleta y me planté a Los Ángeles. No conocía a nadie, ni tenía permisos, ni visados, ni nada…

Jean Leon

¿Qué pasó después?

Cuando llegué a Los Ángeles le llamé varias veces hasta que por fin se puso al teléfono. Hablamos de una época en la que no había teléfonos móviles… ¡Estaba llamando al fijo del Restaurante La Scala de Beverly Hills! Jean Leon se puso al teléfono y me dijo: “Ven a comer mañana”, y fui… Para mí fue muy fuerte porque si yo había decidido estudiar cine e irme a California era, precisamente, porque era un mitómano del Hollywood clásico. De repente, me encontraba en La Scala de Beverly Hills con esos sofás rojos redondos que yo había visto en documentales, en películas… ¡No sabía dónde, pero los tenía en mi cabeza! Me invitó a comer y estuvimos en una mesa comiendo. Él y yo hablando del Hollywood clásico. Recuerdo que pedí un plato de pasta. Luego, con los años, me enteré de que era el plato favorito de Marilyn Monroe.

¿Cómo era Jean Leon a nivel humano?

Yo lo recuerdo con mucha fuerza, con mucho ímpetu… Lo recuerdo un ser con mucha determinación. Al hablar, al moverse… Recuerdo mucho la mirada. Tenía una mirada con fuego. Era una persona que te enfocaba y te atravesaba. Pero, al mismo tiempo había calidez. No era agresividad, era más bien ardor. Era una persona muy impactante, que no imponente. De esas personas que cuando entras en un lugar, las notas desde el primer momento. Me acuerdo de la primera vez que lo saludé, con Iranzo… Era una personalidad.

“Jean Leon Tenía fuego en la mirada”

Magnetismo…

Sí, totalmente. Y sobre todo al hablar. Era muy concreto. Recuerdo diálogos que tuvimos. Recuerdo su voz, que era muy directa y que te tomaba la atención cuando te hablaba. Recuerdo que me hacía pensar que debía medir muy bien lo que le decía para poder estar en sintonía.

Jean Leon

¿Te dio algún consejo?

Más que consejo, recuerdo algunos mensajes. El tono de la conversación cambió cuando empezamos a hablar del Hollywood clásico. Él me dijo: “¿Cuál es tu artista favorito?” Yo le conteste que era Natalie Wood y me empezó a contar que era muy amigo de Natalie. De hecho, me comentó que había estado en su casa. A partir de ahí, la conversación se convirtió casi como en una ficción… ¡Como en una película! De repente aparecían en la conversación de manera muy natural y cotidiana nombres como Marilyn Monroe o James Dean o a Natalie Wood… ¡Como personas reales! No como personajes míticos de una fantasía de Hollywood.

¡Qué maravilla!

Recuerdo que ahí sucedió algo mágico y la conversación fue muy bonita. La he recordado mucho desde entonces. He conservado durante muchos años el sobre con el teléfono de Jean Leon escrito a mano, hasta que un día desapareció como desaparecen las cosas… Pero igual un día vuelve a aparecer. Las cosas van y vienen.

¿Cómo fue comer en La Scala?

Para mí La Scala era el paradigma del cine de los años 50 o 60. Tú entrabas ahí y veías un decorado que habías visto en muchas películas. Lo que más recuerdo eran esos sofás rojos, redondos, donde se sentaban las estrellas. Los había visto, creo, en películas, en documentales, en fotos. Era un lugar con unas cristaleras que filtraban mucha luz. Nosotros nos sentamos en una mesa cerca de un cristal con luz. Era un sitio muy cálido, muy mediterráneo. ¡Te podías pasar horas!

“Para mí La Scala era el paradigma del cine de los años 50 o 60”

Bebisteis un vino Jean Leon, supongo…

En aquel momento era muy joven y no conocía toda la historia del mito. Me impresiono mucho ver su nombre en la etiqueta de la botella. En ese momento no sabía ni que existía un vino con el nombre de Jean Leon… A partir de ese momento se convirtió en mi vino de cabecera. Yo quedaba muy bien en las cenas cuando traía un vino de Jean Leon y les contaba: “Yo he estado con Jean Leon comiendo en La Scala”. Recuerdo una comida que hicimos en casa de Jorge Sanz. Llegó David Trueba y trajo una botella de Jean Leon y dijo: “Traigo el vino de las estrellas”.

¿Cuál es la clave para ser un buen director?

Ser permeable. Dejar que la energía del momento y los actores pueda fluir. Observar y saber coger y reciclar. El trabajo de director tiene el 90% de psicólogo y el 10% de guarda urbano… La psicología es muy importante. El director de cine o teatro tiene mucho que ver con el director de orquestra. Tiene muchos instrumentos y tiene que hacer que la melodía suene. El Ser permeable creo que es lo que más me ayuda.

¿Hay alguna obra de la que estés especialmente orgulloso?

La obra de la que estoy más orgulloso es Venus porque fue la primera obra que yo dirigí como autor. Había dirigido otras obras antes pero nunca obras propias. Yo fui muy amigo de Ana Diosdado, la dramaturga, y ella siempre me animaba a escribir. Me decía: “Tienes que escribir, tienes muchas cosas que contar”. Llegó ese momento y dije, voy a intentarlo y escribí mi primera función que fue Venus y de esa saga hemos conseguido rodar una película que es, además, mi primera película como cineasta. ¡Al final se ha cerrado el círculo! Empecé en el cine, fui al teatro y gracias al teatro he regresado al cine.

En Venus, se entrelazan diversas historias de amor… ¿En el amor hay más casualidad o causalidad?

Yo creo que hay una capa de causalidad que oculta muchas cosas. Hay unos hilos invisibles que nos guían y nos atraen. Como seres humanos no estamos capacitados para entenderlos y los disfrazamos de casualidades. Hay unos lenguajes que no comprendemos y que a mi me divierten mucho y me apasiona estudiarlos. Es un constante en lo que yo he escrito.

¿Qué es para ti arte y cultura?

Para mi el arte es una cosa y la cultura es otra. El arte está cerca de la ciencia, de la creación. La cultura tiene que ver con la política o el negocio. Dependiendo de dónde estemos la cultura tiene un precio u otro.

Jean Leon

El espíritu Jean Leon en Víctor Conde

¿Con qué valor te identificas más con Jean Leon?

Creo que soy un soñador y creo que él también lo era. Eso es lo que más me conecta con la personalidad de Jean Leon. El ser un soñador.

¿Cuál es tu vino Jean Leon favorito?

Mi favorito es el Vinya Le Havre. Me encanta.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Me gusta caminar sin rumbo por la ciudad y hacer fotos analógicas.

Defínete con una palabra

Apasionado.

¿Cómo definirías en una sola palabra tu carrera profesional?

Críptica, porque yo cuando miro atrás veo muchas cosas distintas.

¿Cuándo eras pequeño que querías ser?

Yo quería ser espía internacional.

¿Y de mayor?

Espía internacional (entre risas). Todavía sé que puedo lograrlo.

Si pudieras cenar con quien quisieras, ¿quién sería?

Con Jean Luc Godard porque me apasiona su cine, su personalidad y creo que sería muy interesante y muy divertido cenar con él.