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Tengo una cena hoy, ¿vino tinto o blanco?

cena vino tinto o vino blanco

¿Vino tinto o vino blanco? ¿Y si sirvo un vino rosado? Seguro que, en más de una ocasión, te has enfrentado a esta situación. ¿Cómo resolverlo? La opción más socorrida es guiarse por el manido tópico del “pescado marida con blanco y los guisos con tintos”,  pero ¿podemos ir un paso más allá?

La gastronomía es una experiencia total que triunfa cuando realmente se consigue conquistar a todos los sentidos. Para ofrecer una cena de primer nivel podemos regir nuestra elección sobre qué vino servir en base a los siguientes 3 criterios. Si hoy tienes una cena importante y no sabes qué vino servir, ¡toma nota!

1. Temperatura

Ni las bicicletas son solo para el verano ni los vinos tintos son solo para el invierno. No está escrito en ninguna parte que una determinada tipología de  vino esté estrictamente sujeta a una época del año.  Sin embargo, es cierto que se suele recomendar servir vinos blancos (como el 3055 Chardonnay) o rosados (como el 3055 Rosé) en periodos calurosos y tintos (como el  3055 Merlot Petit Verdot)  en épocas invernales.

¿Por qué? En parte, porque los vinos blancos y rosados se suelen servir más fríos que los vinos tintos. Parece evidente pensar que, en verano, apetece más una bebida más refrescante que otra servida a temperatura ambiente. Por norma general, los vinos blancos y rosados jóvenes necesitan servirse fríos, a una temperatura de entre unos 7 y 12 grados, primero, porque la propia categoría de vino tiene un componente innato de frescor, y, segundo, porque en frío se puede apreciar mejor toda la potencia aromática y gustativa, ya que el frío atenúa las sensaciones dulces y alcohólicas, mientras que potencia la tanicidad y la acidez.

A los vinos blancos con crianza (e, incluso, en algunos casos los vinos tintos jóvenes) también les viene muy bien un punto adicional de frío ya que, si se hace en su justa medida, puede llegar a potenciar más sus matices. Con reservar la botella unos minutos en la nevera hasta alcanzar los 12-14 grados, antes de que empiece la cena bastará.

Por norma general, la temperatura ideal se encuentra siempre entre los 6 y los 18 grados; por encima o por debajo de estos niveles, los vinos pierden expresividad e incluso se vuelven agresivos.

Aquí os compartimos una pequeña guía de la temperatura ideal de cada vino según sus características:

vino tinto o vino blanco

2. Tipo de menú

El factor más determinante para escoger un vino tinto o blanco siempre será la comida. Vino y comida son dos elementos complementarios que deben aprender a “bailar” juntos sin salirse del compás durante toda la velada. Existen dos principios que pueden regir la elección entre un vino tinto o vino blanco o un vino rosado: la asociación y el contraste.

En el primer principio explica que se debe asociar el vino con la comida intentando combinar  la temperatura, la textura, el color, o los sabores de los dos elementos. Es decir, si servimos un postre dulce y compacto, será coherente que el vino que lo acompaña también tenga matices de dulzor y mucha potencia.

El principio del contraste, en cambio, explica que para la elección entre un vino u otro es posible buscar el equilibrio mediante el contraste de dos sabores opuestos. Así, por ejemplo, el amargor del queso azul marida a la perfección con un vino dulce.

vino tinto o vino blanco

3. Entorno

¿Es una cena romántica o es una celebración familiar? ¿Se trata de un entorno formal o será una cena distendida? ¿Estás de vacaciones o es una cena de negocios? Hay otros factores colaterales que también pueden condicionar -y en mucho- la elección del vino. Antes de servir el vino en la mesa es importante considerar el contexto en el que se dará la velada.

Al final, elijas el vino que elijas, lo más importante es la situación y la compañía, así que sólo te quedará descorchar la botella y ¡brindar por ello!