“Si queremos ser justos, debemos abrazar la diversidad humana”


José Manuel Torres Morán

Steve Anderson (Londres, 1964), profesor de Física y chef. Llegó a Valencia a principios de los años 90 e inmediatamente se dejó seducir por una ciudad en la que reside desde entonces y en la cual dirige dos reconocidos restaurantes: Ma Khin y Baalbec. De ascendencia birmana por parte de su bisabuela materna, ha plasmado junto a su hermana Bridget, la motivadora historia de su familia en un libro de reciente aparición titulado: “Una historia de Birmania: cocina, familia y rebelión”.

¿De qué parte de Londres eres?

Soy de Hackney, un municipio situado al este, lo que me convierte en “cockney”, pues tal y como se dice, nací bajo el sonido de las campanas de la iglesia de St. Mary-le-Bow. Mis padres habían estudiado medicina y sus primeros trabajos fueron en hospitales londinenses. Vivíamos todos juntos en Victoria Park en una casa de protección oficial: Mi padre Gerald, que es neumólogo, junto a mi madre Rosemary que es radióloga, luego estaba mi hermana Bridget, que acabaría siendo catedrática de Universidad en Bristol, mi hermano Michael que actualmente trabaja en banca, Anthony que es especialista en marketing y yo, Steve, que soy físico de formación y chef digamos que por puro enamoramiento.

Háblame un poco de tus padres. ¿Cómo se conocieron?

Es una historia que nos gusta mucho contar en nuestra familia, pues ambos intimaron y se enamoraron en la universidad durante una clase de Anatomía mientras compartían un cadáver. ¡Todo muy romántico! (Risas).

Lo cuentas un poco como una historia de amor idílica. 

Pues la verdad que no lo fue. Las relaciones en mi familia siempre son difíciles. Mi padre era de una familia muy católica de origen irlandés y mi madre era hija de un budista y una anglicana. Todo muy complicado.

¿Era una cuestión religiosa o también racial?

Bueno… he de decir que mi madre, con sus antecedentes birmanos, era inoportunamente muy oscura de piel para la Inglaterra de finales de los años 50, algo, que no gustaba a la familia de mi padre que era muy tradicional. Pero finalmente se casaron y 60 años después siguen juntos.

Este episodio y otros pueden leerse en un volumen que has escrito junto a tu hermana Bridget titulado: “Una historia de Birmania: cocina, familia y rebelión”. ¿A quién se le ocurrió la idea? La génesis del libro comenzó hace muchos años, pero no ha tomado forma hasta ahora. Todo arrancó cuando mi hermana Bridget, tras finalizar sus estudios universitarios, se le ocurrió grabar cintas conversando con nuestra abuela Grandy, que era una gran narradora de historias y sabía muchas cosas de nuestra familia.

En la portada del libro aparece una fotografía de tu bisabuela Ma Khin, eje fundamental sobre el que transita todo el libro.

Así es. Tanto la vida de Ma Khin como sus experiencias merecían ser contadas. Nuestra exótica genealogía comienza con ella y con mi bisabuelo William Carr. Hay que trasladarse a la Birmania de finales del siglo XIX, hoy Myanmar, para visualizar mentalmente a un joven magistrado británico destinado a un lugar exótico y desconocido para él, en plena época del mayor auge del colonialismo británico. Un día, mientras paseaba por un mercado observó a una jovencísima birmana llamada Ma Khin que vendía puros sentada en el suelo y de la que se quedó prendado. Se enamoraron y se fueron a vivir juntos. Por supuesto, mi bisabuelo la tomó como su concubina porque era lo que los británicos bien situados hacían por entonces y tuvieron dos hijos. Pero más tarde y pese a las reticencias de una sociedad marcada por la intolerancia, la xenofobia y el clasismo, contrajeron matrimonio. Algo que ni el propio hermano de mi bisabuelo aceptó ni comprendió jamás.

En el libro se habla de cómo era la lujosa vida de tus bisabuelos en Rangún, pero también del descenso a los infiernos.

Ellos vivían una vida de ensueño en Birmania con todo tipo de lujos, con sirvientes, fiestas y carruajes. Algo que se termina de forma abrupta cuando durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses invaden el país y tienen que huir para exiliarse en la India.

Tu abuela Grandy, sin la cual no existiría este libro, también aparece como un gran personaje.

Sí, porque además era una persona muy inteligente y con un gran sentido del humor. Cuando ella y su familia se fueron finalmente a vivir a Gran Bretaña, ella percibía el racismo pero a la vez se lo tomaba con bastante filosofía. Hay una anécdota que dice mucho de su forma de ser y que muestra su divertido e ingenioso carácter: Cuando se le quedaban mirando por la calle y le preguntaban que de donde era, siempre contestaba con un perfecto acento inglés un tanto posh, que ella era: ¡esquimal!

“Una historia de Birmania: cocina, familia y rebelión” es un libro que se lee con interés.

¡Pues gracias por apreciarlo! Ha sido el colofón a esas conversaciones con Grandy y a la vez un homenaje a las mujeres de nuestra familia. Creo que resulta grata su lectura porque denota una trabajada investigación histórica que combina recuerdos familiares con acontecimientos históricos relevantes acaecidos durante el siglo XX. Por otra parte, se recogen también recetas de cocina del sudeste asiático explicadas de forma sencilla para que puedan ser comprendidas por un lector occidental. El libro se ha presentado en España y también en Inglaterra. ¡Estamos muy contentos con las críticas y la aceptación recibidas hasta el momento!

¿Cuál es tu opinión personal acerca de la intolerancia y el racismo?

Pienso que si hay una cosa que compartimos todos los seres humanos es precisamente nuestra humanidad. Si queremos ser justos, tenemos que abrazar la diversidad humana, partiendo de la base de que todos tenemos los mismos derechos fundamentales. Reconocer nuestra responsabilidad hacia el otro (porque históricamente el poder ha tratado de manera injusta a la inmensa mayoría del mundo), y luchar por compensar estas injusticias, es una tarea fundamental.

¿La cocina ha sido siempre una constante en tu vida? 

Realmente no, aunque he de confesar que siempre me ha gustado cocinar. Cuando era pequeño me metía en la cocina mientras mi madre preparaba platos increíbles, pues ella tenía una gran cultura gastronómica indo-birmana que recibió de mi abuela Grandy.

Tu mismo dices que la cocina te enamoró. ¿Cómo consiguió atraparte para que dejaras la docencia y acabaras dedicándote a ella profesionalmente?

Cuando llegué a Valencia fui primero profesor de inglés, básicamente porque no hablaba nada de español, y más o menos al año pude dar finalmente clases de Física en un colegio.  Durante un verano tuve la oportunidad de ir a trabajar como ayudante a una escuela de cocina en Italia. Allí estuve con un chef muy conocido en Gran Bretaña, Alastair Little, del que aprendí mucho. Esto fue el detonante para que decidiera cambiar de profesión.

Tu restaurante Ma Khin Café, que abrió sus puertas en el 2014, en los bajos del Mercado de Colón de Valencia lleva el nombre de tu bisabuela. ¿Qué tipo de cocina muestras aquí?

Presento una propuesta gastronómica asiática fuertemente vinculada con la historia, a la que llamamos decolonial asian food. Nuestra cocina se toma la historia y la comida con seriedad, respetando las tradiciones culinarias, promoviendo el encuentro y el intercambio cultural y anticipándose a un futuro en el que las personas serán tan bien acogidas como sus gastronomías.

Hace unos meses que has abierto un nuevo restaurante en el centro de Valencia al que has llamado Baalbec. ¿Cuál es tu propuesta?

Elaboramos una cocina de la otra orilla del Mediterráneo. Gastronomía de países del este como: Líbano, Turquía, Grecia, Palestina, Siria, Israel… Es una culinaria que me atrae porque aunque es distinta, se elabora con productos estacionales que sin ningún problema podemos encontrar en Valencia. Es precisamente esa diversidad la que deseo mostrar.  En nuestra carta hay platos caseros y tradicionales que se comen habitualmente en muchos hogares de naciones que ocupan esta franja del Mediterráneo.

Finalmente… ¿Qué les recomendarías a los jóvenes emprendedores que deseen abrir su propio negocio de restauración?

¡Cuántos consejos se podrían dar como respuesta!… Diferénciate de la competencia, controla tus gastos, prima siempre la calidad, escucha a tus clientes y también a los que trabajan contigo… Pero me quedaría con esta maravillosa frase de Maya Angelou, la escritora, poeta y activista norteamericana por los derechos civiles: “Las personas quizás olviden lo que hayas dicho o hecho, pero siempre recordarán como les hiciste sentir”. Así que mi recomendación sería: ¡Empatiza con tus clientes y hazles sentirse felices!


Pequeñas degustaciones

Mejor momento para tomar una copa de vino.

Un buen vino es como un buen amigo. En un momento malo puedes apoyarte en él, pero realmente poco puede hacer para ayudarte más que estar allí. Es mucho mejor buscarlo en los buenos momentos y compartir con él las alegrías de la vida.

Una canción para degustar un vino.

Senza Fine de Gino Paoli. Es un pequeño recordatorio de que hay que vivir el momento.

Un rincón en el que te perderías.

En la isla de Skye (Escocia).

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Me encanta viajar sin rumbo, perderme en caminos, mercados y países enteros.

Un defecto y una virtud.

Pienso que (casi) todo el mundo es bueno. Defecto: Aún no sé si esto es una virtud.

¿Qué querías ser de pequeño? ¿Y de mayor?

Con 8 años me compré un libro: “Enséñate a ti mismo gestión y dirección de hoteles y restaurantes”. ¡Qué precoz! Ahora de mayor quiero seguir siendo joven, al menos de espíritu.

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