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Los sabores y el vino

Es cierto que el maridaje no entiende de reglas y que para gustos, colores. Pero no neguemos la evidencia, no todo vale. En esta breve aproximación formal al maridaje os explicamos cómo influyen en la percepción del vino los distintos sabores de la comida.

 

DULCE

Los sabores dulces hacen que los vinos sepan más amargos, ácidos y astringentes y menos dulces, afrutados y con menos cuerpo. Aquí la ecuación es simple: cuanto más dulce sea la comida, más dulce debe ser el vino. Vendimias tardías y moscateles harán de vuestros postres una Epifanía.

 

ÁCIDO

Para los platos donde predominan los sabores ácidos también deberemos contar con vinos de elevada acidez. Tened en cuenta que la acidez en la comida hará que notemos los vinos más dulces, afrutados y menos ácidos.

Por ejemplo, para la siempre difícil salsa de tomate que acompaña a muchos platos de pasta será bueno jugar con rosados y tintos jóvenes de acidez subidita. Por ejemplo un Jean Leon 3055 Merlot-Petit Verdot o un 3055 Rosé.

 

SALADO

Aquí buscaremos un maridaje de contraste. Apostaremos por vinos dulces que jueguen con la salinidad. ¿Quién no ha oído hablar del clasicazo Oporto con queso Stilton?  

 

UMAMI

Hablamos de sabores muy potentes. Quesos curados, carnes secas, caza mayorAquí el secreto consiste en evitar los taninos. Este tipo de sabores hace que el vino sepa más amargo, astringente y ácido, y menos dulce y afrutado.

Para las comidas grasas (patés) necesitaremos el apoyo de la acidez para limpiar el paladar. Probad un riesling o si os va algo más exótico, un barbera italiano sin roble.

Los taninos entrarán en la cocina de la mano de carnes fibrosas, haciendo las delicias de los carnívoros amantes de la syrah o el cabernet. Aquí os recomendamos el Jean Leon Vinya Le Havre Cabernet Sauvignon.