La carta de vinos no muerde


¿Cuál es el denominador común de una cena romántica con la pareja, una comida de negocios o una celebración familiar? Que las tres pasan a menudo en el mismo lugar: un restaurante.

Es fácil elegir lo que queremos comer, lo que nos cuesta es decidir entre las diferentes opciones de la carta, que nos hacen salivar con sólo leerlas, como los perros de Paulov.

Pero el verdadero problema es cuando nos toca la “responsabilidad” de elegir el vino. Abrimos la carta de vinos con aprensión, sabiendo de antemano que tenemos que enfrentarnos a un listado con dos columnas diferenciadas: la de la izquierda, con muchas letras formando palabras que, algunas comprensibles como nombres de marcas o lugares de procedencia del vino nos suenan, y otras que tienen el mismo efecto como si estuvieran escritas en chino. Pero, por suerte, tenemos la columna de la derecha, con “numeritos” que quizás no nos aclaran muchas cosas del vino en cuestión pero que nos indican cuanto nos costará.

El camarero espera a que le hagas el pedido. Los comensales esperan a que anuncies la elección. La presión sube. Quieres hacerlo rápido. Quieres contentar a todos. Respira hondo. A continuación vienen cuatro consejos ¡para que no cunda el pánico!

Primera decisión: ¿Color? ¿Blanco, negro o rosado?

Esta es fácil, me diréis, pero si sois un grupo quizás os tocará elegir más de uno. Recuerda que si bien el mundo de los maridajes está totalmente revolucionado, hoy en día hay algunas normas que es mejor que sigas:

  • Rosados ​​y blancos son la mejor elección para arroces y fideuás.
  • Si tienes que elegir más de un vino, primero los más ligeros para acabar con los de más cuerpo (aunque sean dos blancos diferentes).
  • Los tintos jóvenes, servidos en un par de grados más frescos pueden ser una buena opción si no deseas ni blanco ni rosado.

¿Y cómo podemos saber si un vino es ligero o con cuerpo?

Esto ya es más complicado. El conocimiento de las variedades y los estilos de las diferentes denominaciones de origen pueden ser cruciales, pero os dejamos un pequeño truco: los vinos jóvenes y sin crianza, sean blancos o negros, siempre son más ligeros que los que han hecho crianza en barrica o con sus madres (lías). Es cada vez más frecuente que haya cartas de vinos que los clasifican por tipología, y te puede ayudar un poquito a la hora de hacer la elección.

Recuerda que en general una forma de armonizar vinos y platos es su consistencia o potencia. Los vinos con más cuerpo y más robustez respetan, acompañan y maridan con platos más consistentes y fuertes. Y además ayudan a digerirlos. Por eso consumimos más vinos tintos con cuerpo durante los meses de otoño e invierno que en pleno verano.

¿Qué podemos saber mirando la columna de la derecha?

Fácil de responder: el precio. Pero tiene alguna utilidad, no creas… si hay en la carta de vinos alguna referencia que conoces bien y sabes el precio puede ayudarte a saber si el restaurante carga mucho o es moderado a la hora de poner precio a los vinos. Por lo tanto puede ayudarte a decidir una elección de vinos de mejor relación calidad-precio. Personalmente me quedo siempre en la franja media de los precios de la carta de vinos. Es donde siempre he encontrado la mejor relación calidad-precio. Y siempre quedarás bien con tus invitados.

Pregunta y escucha.

Antes de lanzarte a escoger pregunta a tus invitados que tipo de vino les gusta, que beben normalmente y escucha lo que le dicen. Contentar a todos no es tan difícil como parece. Un vino tinto de medio cuerpo como un buen merlot gustará tanto a los que les gustan los vinos con más cuerpo como a los que prefieren los más suaves. Y si son gente de fuera de la zona busca una propuesta de alguna bodega local, la cual por menos, todo el mundo tendrá curiosidad por probar.

¿En quién confiar?

Si realmente te sientes perdido y el restaurante cuenta con un profesional del mundo del vino como un sumiller no tengas miedo. Si le sabes explicar a grandes rasgos el tipo de vino que te gusta, y no tienes miedo de hablar de precios, seguro que os hará un par o tres de recomendaciones a fin de que la elección final sea vuestra y con total acierto. Los sumilleres estamos para aconsejarte y encontrar el mejor vino para tus necesidades, no para vender el más caro de la carta.

Ya lo ves, no es necesario tener ningún ataque de ansiedad ni hiperventilar cuando te pasen la carta de vinos. Tómala firmemente y ábrela por la primera página. ¡No muerde!

Sergi Castro Solé

Sommelier

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