“Jean Leon ha dejado más leyenda que biografía”


Mauricio Wiesenthal es escritor, enólogo, fotógrafo… y fue amigo de Jean Leon. Le citamos en La Vinoteca Torres para que nos explicara cómo se conocieron, porqué se hicieron amigos y el recuerdo que tiene de él. Llegó impecable, elegante, sumamente educado y dispuesto a explicarnos todo lo que quisiéramos saber. Vamos a descubrir, un poco más, a Jean Leon.

¿Recuerda el primer día que lo conoció?

Hace casi treinta años. No recuerdo el día en concreto, pero sí el momento, porque es inolvidable. Los personajes como Jean Leon tienen una entrada en escena que no se puede olvidar.

¿Dónde estaban?

En el Hotel Ritz. Yo le estaba esperando en el hall y, en el momento que le vi bajar las escaleras, ya me di cuenta de que allí había un personaje.

¿Pero usted ya lo había visto anteriormente?

Sí, lo había visto en fotografías, pero nunca en persona. Le rodeaba el aura y el espíritu que distingue a los grandes personajes.

¿Quién os presentó?

Miguel Torres. Éramos amigos y yo le comenté que quería hacer una entrevista a Jean Leon para una de las revistas con las que colaboraba en aquellos tiempos. Nos puso en contacto y concertamos la cita. Desde el primer momento me impresionó el relato de su vida. Un personaje que una vez desaparecido ha dejado más leyenda que biografía.

A partir de entonces, ¿entablaron una relación de amistad?

Sí, porque coincidíamos en la misma visión internacional del mundo. Mi vida y la suya tenían aspectos en común y esto nos unía. Jean Leon era un exportador de placer.

Entiendo que la conexión era por ambas partes. ¿Se sentía muy identificado con Jean?

Sin duda. Compartía como he dicho su visión sin fronteras de la vida, el valor que concedía a la creatividad y al trabajo de los seres humanos, a la pasión de su espíritu por aprender, por su interés en saber quién hacía algo bien y dónde estaba su secreto…

¿Considera que Jean Leon era un personaje avanzado en el tiempo?

Era un hombre que había labrado su propio destino. Vivió una vida aventurera y, en ella, encontró su camino. Era feliz porque había triunfado en el mundo del vino.

 ¿Era auténtico?

Sí, era un trabajador duro. Sabía dónde buscar lo que es excelente y diferente, y por eso vino a Cataluña a elaborar el mejor vino en un clima privilegiado. Eligió las variedades internacionales, porqué así se lo recomendaron sus maestros. Aprendía constantemente.

¿Se sentía santanderino, americano o catalán?

 Hablaba de Santander, de su patria chica, y de su familia, con mucho respeto, pero él ya había descubierto el mundo entero, sin fronteras. Él era un emigrante típico, aquél que nunca se olvida del lugar en el que nació pero que, sin embargo, se siente unido al mundo, porque tiene una mente abierta.

¿Cuánto tiempo perduró su amistad?

Hasta su muerte. Recuerdo el último día en que nos vimos. Acababa de llegar con su barco, el Scala d’Amore. Estaba harto de su yate y me ofreció las llaves, como si me estuviese prestando una bicicleta.  Solo me dijo que lo necesitaba en Mallorca en el mes de mayo.

¿Y las cogió?

¡No! Tenía mucho trabajo y no lo acepté, pero él era así. Era generoso y me lo ofrecía para que yo lo disfrutara.

¿Seleccionaba muy bien las amistades?

Sí, entre nosotros siempre había la figura de Miguel Torres, en quien él confiaba ciegamente. Jean Leon sabía detectar a las personas leales, que para mí es una de las mejores virtudes de la vida y que está por encima de todas las bondades. Por este motivo sabía que Miguel Torres era el único que podía respetar y enaltecer su legado.

¿Le hablaba de sus amigos de Hollywood?

Sí, especialmente de Bette Davis. La definía como la joya de su restaurante. La ponía por delante de todos como una mujer extraordinaria. También me hablaba de Paul Newman. Recuerdo que me decía que sólo pedía chardonnay en su restaurante, porque era el vino que le gustaba a su mujer (ríe), aunque a solas bebía el cabernet sauvignon..

¿Por qué cree que Jean Leon consiguió todo lo que se propuso?

Porque trabajaba sobre una ilusión y, en el caso de la bodega, no pretendía alcanzar un rendimiento inmediato. Buscaba una rentabilidad a largo plazo y esto le exigía tener a su lado personas válidas y leales, dado no estaba siempre en la viña. Necesitaba a gente preparada en todas las áreas y se supo rodear de colaboradores muy competentes. Su manera de delegar era confiando en las personas adecuadas.

¿Cómo definiría el legado que ha dejado?

Me hizo mucha ilusión cuando supe que ponía la continuidad de sus vinos y su marca en manos de Miguel Torres, porque sabía que él enriquecería el valor de sus vinos con la proximidad que él no podía poner. Miguel vive en el corazón de sus viñas. Cada mañana cuando abre la ventana ve a su Mas La Plana. Esto es lo que Jean no pudo hacer con su viña y con sus vinos. En su vida de emigrante no pudo disfrutar de esa felicidad sencilla que da la proximidad a una tierra.

¿Cómo recuerda sus últimos años?

Ya estaba afectado por el cáncer de laringe y ya no hablaba. Siempre que nos encontrábamos llevaba papeles y una pluma para escribir las respuestas a las preguntas que le hacía en las conversaciones que teníamos. Colecciono algunos de estos papeles, aún los conservo en algún lugar de mi casa, porque comprendí que sería un bonito recuerdo de nuestra amistad. Sus frases escritas eran inmortales. Eran las de un genio.

¿Cómo definiría sus vinos?

Unos vinos con personalidad, con un carácter inconfundible. Prestaba un cuidado especial a las maderas de crianza y, precisamente esto, confiere a los vinos de Jean Leon un detalle único que los afirma, los enmarca y los perfila. Son sustanciosos en el paso de boca, pero acaban dejando un rastro inolvidable. Igual que era su personalidad: impecable.

 

 

 

 

 

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