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Hygge: una palabra que no se escribe, se siente

Probablemente sea la primera vez que la leéis. O igual no. Quizás os suene, pero ahora mismo no la relacionáis con nada. Es rara, difícil de pronunciar, incluso de escribir. No estamos hablando de ningún nombre de volcán islandés de nombre kilométrico ni de una marca de pañales. No. Estamos hablando del “Hygge”. Una palabra danesa que se puede pronunciar de diferentes maneras. Jigue, Jig, Jiuga. No importa. Es un concepto que no se escribe, se siente.

Dinamarca es el país más feliz del mundo, según un informe anual que la ONU lleva haciendo desde 2012. Muchos apuntan, más allá de su escandinavo Estado de bienestar, a que el secreto de su felicidad es el hygge un concepto que no tiene fácil traducción y del que se ha escrito mucho últimamente.

Pero, ¿qué significa la palabra? Hay muchas teorías. Todas válidas. “El arte de crear intimidad”, “confort del alma”, “ausencia de molestias”, “el placer de la presencia de cosas reconfortantes” o incluso “una taza de cacao a la luz de las velas”.

Como podéis ver, el hygge tiene que ver más con el ambiente y la experiencia que con las cosas. Consiste en estar confortable, relajado y rodeado de las personas que amamos. Sentirnos seguros. Bajar la guardia. Conversar tranquilamente con una copa de vino en la mano, por ejemplo. Hygge y vino (a parte del cacao) pueden ir de la mano. Lo que no puede fallar en un momento hygge son las velas. Es casi una condición indispensable para los

daneses. Velas, vino, descanso, relax, conversación, confort, hogar… ¿Os vais haciendo una i dea de l o que es el hygge? 😉

Al final hygge es un adjetivo para calificar los momentos que más nos gustan. Una cena con amigos, un aperitivo con la familia, una tarde de cine en el sofá de casa mientras llueve, el momento en el que te enfundas en tu jersey favorito en pleno invierno, un momento de lectura relajado o el instante que decides abrir una botella de vino. Aquellas pequeñas cosas que nos hacen más felices. Pequeños placeres cotidianos que, a veces, pasan desapercibidos pero que t ienen un valor i ncalculable.

Os vamos a poner un ejemplo de hygge, a ver si os convence: un atardecer en pleno Penedés. El sol cae entre los viñedos. Temperatura cálida. Ni frío ni calor. Una paisaje único, inigualable y una copa de vino esperando ser degustada. ¿Os gusta nuestro momento hygge? Os estamos esperando. 🙂

Si queréis profundizar más sobre el concepto hygge os recomendamos el libro “Hygge, la felicidad de l as pequeñas cosas” de Meik Wiking.