Vino |

Falsos mitos: Cuando más viejo es un vino, más bueno es

Cuantas veces algún familiar o amigo, para quedar bien, os ha sacado un vino que ha estado guardando durante años y ha resultado ser imbebible?

 

Según su elaboración, los vinos están hechos para ser consumidos jóvenes o para envejecer durante décadas. Hay vinos que necesitas tiempo para llegar a su momento óptimo de consumo y otros que están hechos para ser consumidos jóvenes. O sea, durante los dos primeros años de vida.

 

Eso no quiere decir que pasado este tiempo no se puedan consumir, pero sí que es verdad que a medida que pasen los años se degradaran y perderán las características que querían expresar cuando los crearon.

 

Un vino tinto joven y con poca crianza quiere expresar lo que decimos aromas primarias, especialmente de frutos rojos frescos como ciruelas, fresas, cerezas o frambuesas. Según su elaboración, estos vinos pueden tener una ligera trama especiada de vainilla, especias o tostado que le aporta su paso en madera, pero siempre de una manera muy discreta.

 

Con el paso del tiempo, en boca perderá su carácter afrutado y ligero y su color de degradará muy rápido. Un vez servido en la copa, veréis que el vino no resulta nada atractivo.

 

Un ejemplo fácil de reconocer que el paso del tiempo en los vinos no es bueno, es en los blancos y frescos. Un vez pasan los dos años, se va oscureciendo y pierden rápidamente su acidez que los hacía tan agradables cuando eran jóvenes.

 

En cambio, vinos de variedades más robustas como el Chardonnay, acompañadas de una crianza en bota de roble y posterior envejecimiento en botella, bien conservadas, se bonifican en el tiempo y evolucionarán hacia unas aromas de membrillo, miel y cera, tan apreciados en los vinos de esta variedad.

 

¿Habéis catado alguna vez un Jean Leon Vinya Gigi Chardonnay con unos cuantos años de evolución? Es una verdadera maravilla… siempre que haya estado bien conservado, ¡claro!