ESCALA 3: GEORGIA. Una historia de dificultades, un enorme potencial


Georgia reclama para sí un lugar en el Mundo Vino. Y lo hace desde la legitimidad que afianza su posición como cuna de la recolección de vides silvestres para fines vinícolas. Así lo atestiguan los arqueólogos que hallaron pepitas y diferentes artefactos relacionados con la elaboración de vino en Chokn y que se remontan a una franja cronológica comprendida entre el 7000 y el 5000 a.C.

De este modo, la teoría comúnmente aceptada a día hoy sitúa los orígenes del vino en Transcaucasia, una región que comprende la actual Georgia, Armenia, Azerbaiyán y el oeste de Turquía.

Posteriormente la cultura de la vid se expandió hacia el sur, desde la península de Anatolia hasta Mesopotamia y Egipto. Hecho que liga de manera irremisible el origen de la viticultura con el origen y expansión de las principales civilizaciones de la humanidad.

Georgia, debido a su posición privilegiada para el cultivo de la vid y a su vez, su importancia geoestratégica a modo de puente entre Europa y Asia, no lo ha tenido fácil. Si a este hecho le sumamos más de doscientos años de dominación rusa, la resistencia georgiana para con su identidad resulta estoica.

A modo de ejemplo de lo problemático del “vecindario” del país, el vino georgiano gusta tanto en Rusia que las falsificaciones de los mejores Saperavi (variedad tinta autóctona) llegaron a suponer un enorme conflicto. La Federación Rusa optó así por cortar por la sano y prohibir las importaciones de vino georgiano en 2003. De este modo, los elaboradores georgianos, sin pretenderlo, mejoraron sus vinos para dotarlos de más atractivo, de más personalidad, viéndose obligados a ello para competir en nuevos mercados como el europeo, el chino y el estadounidense.

Nombres propios: Kakheti y Saperavi.

Georgia posee tal cantidad de variedades autóctonas que no ha necesitado de la implantación de vides internacionales para elaborar grandes vinos.

Es en ese carácter propio donde reside el éxito de los vinos georgianos. Una suerte de mirada introspectiva que, en un mundo globalizado, arraiga en lo propio y se nutre de él para su propia supervivencia.

Un atractivo contracultural que hace de Georgia un país a tener muy en cuenta para los winelovers que buscan autenticidad y ese factor X en los vinos.

  • Existen en Georgia tres regiones dedicadas a la elaboración del vino, siendo Kakheti la región dominante con un 80% de la producción. En ella, diferentes subzonas dotan de diferentes atractivos a la vid georgiana. Allí, la sabrosa Saperavi, convive con la ácida Rkatsiteli y la blanca MtsvaneKakhuri, elegante y delicada. Dentro de estas subzonas clama protagonismo propioTsinandali, un chateau del s. XIX que presume de elaborar el mejor blanco del país. Del mismo modo, Kvanchkara y Kindzmarauli compiten en la elaboración de vinos dulces en base a la Saperavi.
  • Al oeste del país, bajo la influencia del mar Negro, se halla En esta región encontramos también variedades propias como la Tsitiska y la Tsolikouri. Con ellas, la zona presume de vinos divertidos, menos complejos que los de Kakheti, pero fáciles y desenfados; habitualmente con menos materia colorante y tánica.
  • Por último, Kartli, se ubica en llanuras cercanas a la capital, Tiblisi. Con un clima más frío que Kakheti, sus vinos son más livianos y ligeros, con mucha menos carga tánica pero con una magnífica acidez y un aroma fragante.

 

Saperavi, la variedad emblema

La tinta Saperavi es sin duda la variedad que abandera a todo un país. Y eso no es tarea fácil en una región vinícola tan rica en variedades autóctonas.

La Saperavi posee una personalidad acusada, inimitable y de color profundo; caracterizada por unos taninos presentes, intensos y una acidez firme que garantiza la frescura en boca. No obstante, la variedad también permite la elaboración de vinos dulces de gran prestigio, en especial en la región de Imereti .

Debemos prestar atención al devenir de la viticultura georgiana. Sus productores tienen fe ciega en la calidad de sus vinos, a pesar de la falta de equipo técnico y suministros.

El contexto político tampoco ayuda, pero no albergamos ninguna duda del potencial de los vinos del país. Su personalidad, su clima y el empeño de sus gentes suponen tres atractivos sobre los que cimentar la fe y resistencia heroica de un sector que no se resigna a un presente difuso, y centra su mirada en un futuro esperanzador.


Seguiremos atentos.

 

Rafa Moreno

 

 

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