Escala 2018 Vol. III: El Palatinado. Un mundo de Riesling


En el Palatinado se encuentran muchos de los vinos bandera de Alemania y, posiblemente, los viñedos más bellos del continente. Un mundo de rieslings cálidos y untuosos, suculentos y maduros que hacen de esta región un must para los que buscan nuevo destino vinícola.

Desde la década de los 30 del pasado siglo, sus bellísimos pueblos y viñedos forman parte de la Ruta del Vino Alemán (Deutsche Weinstrasse).

¿Dónde?

Pfalz (Palatinado) ostenta los viñedos más grandes y de entre los de mayor calidad de Alemania, localizados en una franja de 80km que los separa de manera imaginaria de las cepas ubicadas en el norte de Alsacia (Francia), en una suerte de prolongación natural que cobra forma de vides bajo el testigo de las montañas de Haardt, continuación natural de la cordillera de los Vosgos.

Su localización hace de Pfalz la región vinícola más seca y soleada del país germano.

Los veranos secos y largos de Pfalz hacen que la región sea más que adecuada para la elaboración de vinos secos repletos de intensidad frutal y sabor. Si bien, también encontramos vinos Trockenbeerenauslese cuyo contenido de alcohol alcanza con dificultad el 6,5%,  pero poseedores de un nivel de azúcar estratosférico.

De variedades y vinos

Dice Hugh Johnson de la región que “es el ‘taller’ de Alemania para una variada gama de blancos y tintos de todas las complexiones…” Así, las variedades tintas representan casi el 40% del viñedo, siendo la Dornfelder la segunda más cultivada, por detrás de la eterna riesling.

La Dornfelder es un cruce de diferentes cepas tintas (helfensteiner X heroldrebe) creada por August Herold en 1956. Sus vinos orbitan sobre sabores frutales, de magnífico color y ligera estructura.

Las variedades locales comienzan a abrirse camino en el panorama internacional de la mano de las, Müller-Thurgau (obtenida del cruce entre Riesling y Sylvaner) y la Kerner (híbrido de Trollinger y Riesling). Variedades que regalan vinos concentrados, con influencia de roble y que ganan prestigio día a día, elaborados por jóvenes y atrevidos enólogos.

Otras variedades interesantes que nos ofrece la zona son la Rülander, de mucho cuerpo y sabor especiado (sinonimia para los pinot gris enriquecidos por la botritis noble para diferenciarlos de los secos, grauburgunder); la aromática Traminer (gewürztraminer) o la agradable y elegante gama pinot al completo: Weissburgunder, Grauburgunder y Spätburgunder (pinot blanc, gris y noir).

Destino: El Mittelhaardt

Pero hablar de Pfalz es hacerlo de la RIESLING. Así, en mayúsculas… y hacerlo de la riesling es hablar, inevitablemente del Mittelhaardt.

Una colección de viñedos únicos ubicados en pendientes pronunciadas, repartidos entre las bellísimas localidades de Forst, Wachenheim, Deidesheim, Bad Dürkheim y Ruperstberg. Una ínfima porción de la tarta que es Pfalz a modo de pequeño tarro de las esencias.

El paradigma de los rieslings del Mittelhaardt lo encarnan vinos carnosos y suculentos. De gran madurez, nos regalan ricas notas de miel y fruta de hueso. Vinos con cuerpo, equilibrados y poseedores de una interesante acidez.

Parada y fonda: Forst y Bad Dürkheim

Cuentan los paladares que Forst tiene fama de ser el origen de los mejores vinos del país;  comparados por sus habitantes con la elegante aguja que corona la torre de la iglesia del pueblo; donde encontramos, a pocos metros, el Jesuitengarden; el viñedo de calidad por excelencia de Forst.

Los vinos de Forst se caracterizan por una muy especial textura en boca, una opulencia de la que hacen gala las mejores vinos de los elaboradores más prestigiosos de la región,  como Geos Mosbacher.

Bad Dürkheim es conocido por el bullicio de su fiesta de la salchicha y el vino, celebrada cada otoño. El destino ideal para poner punto y final a modo de colofón, a una escapada hedonista bien entendida a la región.

Pfalz constituye en sí mismo un universo propio pensado para la viticultura y la elaboración de vinos de calidad indiscutible. A su vez, los bellos pueblos de casitas de madera entre huertos y viñedos que salpican la región nos regalan una estampa poética y estética que dista mucho de lo que uno pueda imaginar a priori.

Pendientes y terrazas imposibles entre villas medievales que hacen de esta región un puzzle, ordenado y regulado, convertido en un pedacito de cielo en la tierra. Riesling mediante.

 

Rafa Moreno

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