Escala 15: Especial Islas: Creta y Santorini


Las islas griegas constituyen uno de los destinos por antonomasia para toda clase de viajeros. Historia, cultura, buen tiempo, playas de una salvaje belleza natural, vino y gastronomía son las principales atracciones que la caprichosa ubicación geográfica y orográfica de Grecia ofrecen al hedonista con ínfulas de descubrimiento estival.

Centrándonos en el vino, a la postre alma y esencia de estos especiales; las mismas particularidades geográficas y orográficas hacen de las prácticas para con el viñedo griego algo único y propio.

La viticultura en una zona tan montañosa dificulta la mecanización y requiere mucha mano de obra, de manera que la mayoría de las vides fueron podadas en pulgar y conducciones en cabeza, lo que a su vez ofrecía cierta protección ante las altas temperaturas. (La media anual supera los 21ºC).

Santorini: La isla del viento

Sin embargo, en las islas, en especial en Santorini, la vid debe hacer frente a fuertes vientos por lo que requiere de un método propio de conducción: la madera vieja se conduce a muy baja estatura y en forma de canasta, creciendo las bayas en su interior. También es habitual plantar las cepas en pequeños surcos para aislarlas del viento. Esta suerte de huecos ofrecen a su vez una mayor capacidad para el sistema radicular de la planta de acceder a las escasas reservas de agua del subsuelo, en una región particularmente seca.

Santorini es una isla volcánica barrida por el viento de una belleza de corte ancestral que parece conectarnos con la cronología. Un “must” de los destinos turísticos que comparte con Creta la difícil tarea de gestionar el turismo para que afloje la presión que ejerce sobre el sector vinícola.

La Santorini OPAP, la Santorini del vino, es tierra de vinos blancos secos y dulces, elaborados con viejas cepas de la autóctona assyrtiko. De ella se obtienen vinos secos de una concentración pasmosa y un intensidad aromática muy acentuada, donde la nariz se pierde en un mar de cítricos (limón) de alma mineral; con unos niveles de acidez y alcohol elevados.

Los vientos en Santorini son tan fuertes que tienen potencial para detener la fotosíntesis de la planta. Este factor ralentiza la maduración, de modo que los niveles de acidez se mantienen elevados.

Los vinos dulces se conocen como Vinsanto (igual que en la Toscana italiana). Se tratan de vendimias tardías expuestas bajo el sol abrasador un máximo de catorce días. Después, los vinos envejecen un mínimo de dos años en barriles de roble.

El resultado es un vino impetuoso pero equilibrado en su dulzor por una fresca acidez. Los ejemplos más evolucionados nos regalan notas oxidativas de caramelo y frutos secos.

Creta: Renaciendo de las cenizas

De las islas griegas, Creta siempre ha sido el centro del vino en términos de volumen. Aplastado por la industria del turismo, el moribundo sector vitivinícola parece renacer de la mano de nuevos inversores y un entusiasmo generalizado entregado al potencial de los vinos de la isla.

De toda Grecia, los productores más importantes se agrupan en Creta, donde recientemente se ha producido una “revolución vinícola silenciosa”, como citan Hugh Johnson y Jancis Robinson en su Atlas Mundial del Vino (Ed. Blume).

Así, los mejores viñedos, ubicados a una altura relativamente elevada vuelven a sentir vida en ellos, en parte, gracias a viticultores que apuestan por la recuperación de la variedades ancestrales, en particular, la lyrarakis que puede llegar a ofrecer varietales de calidad. Cabe recordar que la zona no sufrió los estragos de la filoxera en el siglo XIX.

La particular situación geográfica de la isla y la ubicación de sus mejores viñedos, protegidos de los abrasadores vientos del sur por las montañas, crean un microclima propio caracterizado por una neblina que favorece al viñedo en ciertas horas de los veranos más calurosos.

Creta alberga a cinco regiones bajo su denominación de origen y todas ellas son ricas en patrimonio ampelográfico. Un vergel de variedades propias, blancas y tintas, con tanta historia en sus cepas como intensidad en nuestras copas.

Pero… ¿qué beber?

Si bien en Santorini, la assyrtiko es la reina y dueña del lugar, en Creta abundan diversas variedades autóctonas que dibujan un mapa del vino de mayor recorrido.

  • Para amantes de los tintos férreos e intensos, los varietales de la zona de Archanes elaborados con la local kotsifali serán una apuesta segura.

  • Si eres de tintos pero buscas la parte dulce de la vida, existe una variedad para ti: Liatiko (variedad que debe su nombre a la época en la que es cosechada, el mes de Julio). Con ella se elaboran tintos dulces que suelen formar parte de la carta de postres. ¿La región? Dafnes.

  • En Peza, ubicamos nuestra siguiente sugerencia: para amantes de las curiosidades etimológicas y los vinos blancos, la variedad villana ofrece vinos secos interesantes y muy florales.

  • Los rosados cretenses suelen mezclar las variedades locales con las sempiternas garnachas, cariñenas y syrahs. Atención a los de la región de Kritikos, quizás más interesantes que los blancos.

El vino y su mundo vuelven a renacer de las cenizas en las islas. El nuevo equilibrio entre turismo y viticultura ofrece una segunda oportunidad a los vinos griegos en general.

Vinos que surgían de prácticas propias y que de un tiempo a esta parte se han beneficiado de los avances técnicos en lo que a vinificación se refiere, volviendo a ocupar un lugar reservado en el Olimpo del Vino.

¿Vamos?

Rafa Moreno

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