Escala 13: Especial islas: Sicilia y Cerdeña


La llamativa personalidad de los vinos isleños se antoja inevitable si atendemos a las particulares condiciones en las que se desarrolla la viticultura y… la vida misma.

De los vinos isleños

De estos condicionantes, dos son los que vertebran la idiosincrasia y el devenir a lo largo de la historia de los vinos de las islas: las singularidades climáticas y el aislamiento geográfico.

La soledad de las islas y su aislamiento geográfico se significan ideales para los que necesitan desconectar. Pero más allá del hecho hedonista, este aislamiento ha incidido de manera decisiva en cómo se comercializaba el vino, ya que la ubicación de las islas hacía imposible una dependencia viable del consumo local y necesitaba ir más allá de sus fronteras.

Del mismo modo, este aislamiento ha sido perpetuado a su vez por una inherente desconfianza hacia lo extraño. Joan C. Martín, en su libro Pasión por el Vino (Ed. Hedonismos), lo sintetiza muy bien con esta reflexión:

“La desconfianza isleña se basa en la cultura ancestral mediterránea. Hasta la llegada de los turistas, todos los foráneos que alcanzaron sus puertos lo hicieron con la sola intención de llevarse cosas”.

Pero ante todo, la viticultura isleña ha propiciado el desarrollo de una variedad de clones que, precisamente por su condición de soledad han evolucionado hasta separarse de la cepa madre originaria. Una evolución aislada (vine isolation), cuyos procesos ha seguido muy de cerca la australiana Belinda Stummer, ingeniera agrónoma de la Universidad de Adelaida.

Las particularidades geo-climáticas de las que disfrutan las islas y que las convierten en perfectos destinos turísticos; también determinan la viticultura, la composición del suelo, y, por supuesto: terroirs singulares. Suelos de constitución tectónica en muchos casos, y otros, cuya composición denota una influencia de actividad volcánica.

En las islas, particularmente en las pequeñas, la ausencia de cualquier atisbo de continentalidad propicia que la humedad marina acumulada se pose durante la noche sobre las vides y el suelo; filtrándose poco o poco hasta alcanzar las capas más próximas al sistema radicular de la planta. En las Baleares, a este poético fenómeno se le conoce como la “banyadura”.

Sicilia: Bajo el volcán

Iniciamos nuestra andadura isleña por la bella Italia. Sicilia es la mayor de las regiones vinícolas italianas en superficie de viña, si bien sigue por detrás de Puglia, Véneto y Emilia-Romagna en cuanto a producción en hectolitros se refiere (alrededor de 5,6 millones).

Con el lastre histórico de primar la cantidad en lugar de la calidad, algo está cambiando en la isla. Tan es así que las poderosas cooperativas y los pequeños propietarios aúnan esfuerzos en redefinir el paradigma, buscando en los vinos sicilianos de hoy mayor fiabilidad y calidad a precios razonables y competitivos.

Para ello, y como puntas de lanza, se sirven de variedades tradicionales autóctonas como la tinta Nero d’Avola y las blancas Inzolia y Catarratto; cada vez más utilizadas en mezclas con las internacionales Shiraz y Chardonnay.

El milagro de la Nero d’Avola

La variedad bandera Nero d’Avola toma prestado su nombre de su ciudad natal, siendo también DOC (Deniminazione di Origine Controlatta)- una categoría noble en el escalafón de los vinos italianos.

Ubicada en la esquina sudeste de la isla, la variedad padece temperaturas que pueden superar los 40 grados con facilidad en la época de maduración. Pese al calor, esta “supervariedad” es capaz de regalarnos vinos milagrosamente equilibrados, aún es más, elegantes; de taninos sutiles y un carácter frutal que profundiza en un abismo de fruta negra madura.

Si eres más de dulces, atiende: a unos 50km al sur de Sicilia se encuentra la isla de Pantelleria, donde se elabora un delicioso y curioso vino de postre llamado Passito di Pantelleria, elaborado con uvas de Moscato pasificadas.

Etna: los vinos del volcán

Durante la última década la apuesta de diferentes elaboradores por la singularidad volcánica se ve materializada en adquisiciones de viñedos en el Monte Etna. Viñedos prefiloxéricos abandonados y ubicados a mas de 1000 metros de altitud que ofrecen rendimientos muy limitados pero de una calidad inusitada.

Tintos pálidos y de seductor perfume que nos llevan de manera irremisible a una comparación con los mejores exponentes de Borgoña.

Cerdeña: discreto encanto

Uno de los destinos por antonomasia del Mediterráneo en lo turístico, siempre ha vivido a la sombra de Sicilia en lo vinícola. Sin embargo, en Cerdeña se siguen elaborando vinos de marcada personalidad y gran encanto.

Los efectos del vine isolation en la isla se manifiestan en las variedades Cannonau (originaria de la garnacha) y Carignano (cariñena). Como varietales y en mezclas, ambas garantizan unos resultados excelentes.

La Cannonau es la variedad que abandera a los singulares vinos de la isla. Varietales que exhiben intensos en lo floral (violetas) y moderados en su acidez; construyendo su estructura desde un firme grado (14º) que llena la boca y aporta una agradable textura.

Para los más aventureros, y en la fronterizo con la arqueoviticultura, Malvasia di Bosa DOC representa una denominación semi abandonada pero que en su día surtió de vinos a todas las cortes de Europa.

En sentido contrario transita la Vermentino di Gallura DOCG (Denominazione di Origine Controlatta e Garantita); que parece prestarse a un pronto despegue en su potencial de la mano de la variedad blanca Vermentino.

De buena graduación, el Vermentino di Gallura se caracteriza por su vinosidad. Es sabroso y corpulento; de elegante acidez frutal. Poco prestada a la podredumbre noble, la variedad muestra su mejor versión en los vinos del año.

Como curiosidad vinícola y para mitómanos amantes de Jerez, Cerdeña también es el hogar del Vernaccia di Oristano DOC. Un vino criado en “flor”, poseedor de esa nariz acre tan característica de los finos secos jerezanos.

Sicilia y Cerdeña representan un destino paradigmático y representativo del carácter de los vinos isleños. Un destino tan bello como atractivo para los que ven la copa media llena y la vida color rubí. ¿Desconectamos?

 

Rafa Moreno

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