“El estilo de un escritor es como la identidad del terruño en un buen vino”


Profesor, escritor, fotógrafo, enólogo. Cualquiera de estas profesiones definiría a Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), pero él se queda, sin dudarlo, con la de escritor. “Todo lo demás forma parte de mi camino, de mi historia. He hecho muchos oficios para crearme mi propia biografía, mi propio relato” confiesa, elegante, discreto y educado en una conversación informal en La Vinoteca Torres. 

Una vida dedicada a la literatura

Sus palabras desprenden sabiduría, cultura. Todo lo que dice tiene sentido y, a su vez, cada experiencia contiene la enseñanza implícita que denota a alguien que ha vivido mucho. Su historia es apasionante. Siempre ligada a la pluma y a la literatura. Hijo de catedráticos, su primer libro lo escribió con tan solo 21 años y a los 22 ya estaba dando clases de Historia de la Cultura en la Escuela de Comercio de Cádiz, y en los Cursos de Verano de la Universidad de Sevilla. Se formó en España y también en un colegio francés porque “mi padre quería que me educara como europeo, y que tuviese un horizonte internacional y más abierto”. Por este motivo, además de su devoción por la cultura española, conoce a fondo la literatura francesa y la alemana, así como ha defendido siempre los ideales europeístas siguiendo la estela del escritor Stefan Zweig, a quien cita como su primer maestro. “Comparto con él la idea de que Europa no debe tener fronteras, ni prejuicios y que debe ser abierta de mente”. Una filosofía de vida que, sin duda, puso en práctica. Viajó por todo el continente, cruzó fronteras y vivió durante largas temporadas en París para perseguir su sueño. “Vivía la vida para poder ser escritor, y para poder relatar un día mi combate y mi experiencia”. Hacía fotografías para acompañar las crónicas de sus viajes y -junto con sus reportajes- las ofrecía a medios como Elle, Harper’s Bazaar o Vogue. Ha sido colaborador de National Geographic (Traveler), del Touring Club Italiano y de otras publicaciones internacionales.  En aquella época hizo de todo. Desde recorrer Europa, viajando en bicicleta y a pie, siguiendo el cauce de sus ríos (unido a una compañía de circo), hasta cantar en cafés, y estudiar todo lo imaginable, a la vez que conocía a muchos maestros y personajes que se iban cruzando en su camino, como fueron Anna Freud, Eugène Ionesco, Ava Gardner, Golo Mann, Deborah Kerr, Coco Chanel o Paul Morand. “Me acuerdo como si fuera ayer”, nos comenta con una sonrisa nostálgica.

Wiesenthal goza de una memoria exquisita. Entre anécdotas de su vida en París y de sus viajes por toda Europa, mientras degustamos un Jean Leon 3055 Chardonnay, reconoce que el libro que más le ha costado escribir es la biografía del poeta Rainer Maria Rilke. “Le dediqué muchas horas de mi vida y ese duro trabajo de estudio e investigación es aún más exigente cuando uno ya es mayor”. Hoy, algunas de sus obras, como “Libro de Réquiems”, la novela “Luz de Vísperas”, y su ensayo más reciente “La Hispanibundia”, se consideran libros de culto.  Sin embargo, apunta a “El esnobismo de las golondrinas” como uno de los relatos que ha escrito con más disfrute: “Todo comenzó cuando Paul Morand me dijo un día que las golondrinas eran muy esnobs porque pasan el invierno en Marrakech y el verano a París. El espíritu del libro se fundamenta en el derecho que tiene todo el mundo a acceder a los placeres y tesoros del espíritu (cultura, educación, gusto y buen paladar), que, en tiempos pasados, se reservaba sólo la parte más afortunada y rica de la sociedad. Por eso acusaban de snobs (sine nobilitate) a los que tenían el valor de derribar esas barreras”.

Eliminar el síndrome de la página en blanco, escribiendo

Como todo escritor nos habla del síndrome de la página en blanco. “Es lo más cruel que hay en la vida de un escritor”. Para superarlo apunta a su proceso de redacción y lo equipara al de un pintor. “Primero mancho la página con ideas y sentimientos que me vienen al corazón, sin atender a un orden racional ni a un proyecto, dejándome llevar por la emoción. Así se va perfilando una historia que reclama luego un dibujo más preciso. A los diez minutos ya me doy cuenta de si tengo entre las manos materia para una novela o se trata de un relato corto, o un ensayo, o un tema que necesita el aliento de un largo estudio. A partir de ese momento ya puedo ir suprimiendo los bocetos y los rasgos desordenados, prenso mi vendimia y voy sacando de ella la sustancia, el color, los aromas y el mosto que debe convertirse en vino.

Sobre la literatura actual apunta que “es muy diferente de cuando yo empecé a escribir. No tuve éxito al primer día, sino todo lo contrario. Y no estoy descontento de lo que he tenido que aprender y luchar, porque los años dan la fuerza y el estilo. Como en la viña, pues no son las primeras flores las que dan los mejores frutos.” 

La enología, una ciencia que se debe saber comunicar

Si miramos al inicio de este artículo, citamos la curiosidad incansable, la capacidad de trabajo y las muchas profesiones que desempeñó nuestro entrevistado. Una de ellas, y no menos importante es la de enólogo. Su pasión por los vinos le viene de muy pequeño. En una pequeña finca familiar de Cádiz, su padre tenía viñedos. El encargado de vigilarlos era el “señor Francisco”. Lo recuerda perfectamente y lo considera uno de sus maestros y uno de sus ídolos. “Él me contaba la historia del mundo en cosechas. A través de sus relatos, nació mi pasión por la viticultura. La viña forma parte de mi hábitat, de mi cultura y de nuestra memoria”.

En su afán, y a la vez virtud de conocer gente interesante, conoció a Miguel Torres. Mauricio trabajaba como director de una editorial y, en ese momento, editaba también libros de vinos. “Hacía de todo para intentar vivir de la literatura, pero en aquella época estaba ya muy cansado de mi batalla. Había escrito entonces medio centenar de libros, pero luchaba sin protección. No le veía salida y estaba decidido a dejarlo todo. Wiesenthal seguía trabajando entonces en un sueño personal que la ocuparía muchos años de su vida: escribir un “Diccionario del Vino”, que hoy es el mayor tesoro léxico de la viña y de la enología escrito en España, y que no tienen otros muchos países del mundo. Y, a la vez, se comprometió con Miguel Torres a acabar un libro sobre los “Vinos de España”, en el que colaboraban juntos, pero ya decidido a dejarlo todo y embarcarse en un nuevo oficio. Pero antes de que Wiesenthal diese este paso, Miguel Torres le propuso quedarse en España e iniciar juntos grandes proyectos vinculados al mundo del vino, siempre con el mismo ideal de extender los valores civilizados de nuestra cultura. Desde entonces, y ya hace más de cuarenta años, muchos de los textos que se escriben sobre los vinos de Torres pasan por las manos de Mauricio Wiesenthal. “La vida consiste en hacer cosas, en no rendirse, estar dispuesto a aprender y aprovechar todas las oportunidades, nos dice.

Wiesenthal es una voz autorizada para hablar de vinos y de enología. En 1992 fue galardonado con la Copa de Oro de los Enólogos de Cataluña y en  2015 la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes. Valora la enología desde dos vertientes, y las dos, igual de importantes: la científica y la comunicativa. “Desconfío cuando quieren reducir la enología a la cata de un vino y a una nómina de puntuaciones. La enología es una ciencia que exige cautela y rigor, pero también un vehículo de civilización y de cultura que tiene muchos matices -algunos de ellos muy estéticos y poéticos- que hay que saber comunicar”. Wiesenthal define al enólogo como “la persona que se comunica con el vino y que sabe comunicar los secretos del alma del vino. Sólo el enólogo conoce el momento en que un vino cerrado va a abrirse y a comunicar su mensaje. Y, si es un buen enólogo, sabe también cómo guiarlo y conducirlo hasta ese momento feliz en el que vuela solo. El día en que comprendes cuánta civilización y cultura hay en el vino, tienes ya la vocación de enólogo.”

 

Sobre los vinos Jean Leon nos remarca  “que tienen identidad y que son diferentes. En un mundo que se nos vuelve rutinario, repetitivo y mecánico, sólo el arte es el arte”.

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