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«Cuando uno hace lo que quiere, renunciar a horas de sueño, no es una gran renuncia»

Mercedes Balcells, es ingeniera biomédica y coordina el programa de I+D+i del IQS-MIT. Vive entre Barcelona y Boston y su pasión, determinación y esfuerzo le han permitido cumplir su sueño de pequeña: ser investigadora. Las nuevas tecnologías le permiten estar en contacto diario con su familia y amigos y a nosotros nos han ido genial para hacerle esta entrevista.

 

¿Cómo se llega a ser una investigadora del MIT?

Con mucha determinación y esfuerzo. Me atrevería a decir que se necesita una o dos neuronas que conecten (15% intelecto innato), mucho trabajo (80% esfuerzo) y, como en todo, algo de suerte (5%). Tiene que ser algo casi vocacional, porque sino te quedas en el camino.

 

¿Qué espera la organización de cada uno de los investigadores?

Que nuestra investigación tenga impacto en la sociedad. En mi caso, en el campo de las ciencias de la salud y tecnología, que se traduzca en mejores soluciones para la práctica médica actual. Eso quiere decir avanzar la frontera del conocimiento, publicar y/o patentar, y levantar los fondos necesarios para poder hacerlo mediante convocatorias competitivas y colaboración con la industria.

 

Explícanos qué haces en el MIT.

Divido mi tiempo en cuatro grandes tareas. Superviso los resultados obtenidos en los proyectos de investigación que llevan a cabo mis estudiantes de máster o doctorado. Vendo estos resultados para conseguir financiación para seguir investigando. Leo, pienso, hablo con colaboradores y pruebo cosas nuevas. Y finalmente colaboro en programas internacionales de MIT.

 

¿En qué se centran tus proyectos?

En tratar de entender los mecanismos por los cuales las células que forman nuestros tejidos y órganos interaccionan con su entorno, con las células vecinas y con los estímulos mecánicos a los que están expuestas (se define con una palabrota que asusta a cualquiera: “mecanotransducción”).

Son estas interacciones las que dictan la diferencia entre salud y enfermedad y expandir el conocimiento en este área es clave a la hora de pensar en diagnóstico temprano de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas y de proponer terapias adecuadas.

 

¿Ha habido alguien que te haya marcado significativamente en tu carrera profesional?

Muchísimas. Desde mis padres, que siempre me animaron a que siguiera cada uno de mis sueños sin rendirme, hasta profesores de secundaria y bachillerato en mi colegio, La Vall, que me enseñaron con los libros de texto lo que se conocía, pero enfatizaron lo que faltaba por descubrir y despertaron mi curiosidad.

No puedo olvidar mi paso por el Institut Químic de Sarrià donde profesores como los Dres. Molins, Nomen, Victori, Borrell, Espeso, o Nonell me dieron todas las herramientas para poder resolver problemas complejos y valiosa experiencia práctica en el laboratorio.

Sin duda, no sería quien soy sin la persona que me abrió las puertas de MIT hace 17 años, y que todavía hoy es mi mentor, mi modelo de investigador-profesor comprometido con la sociedad y un gran colaborador, es el profesor Elazer R. Edelman.

 

¿Has tenido que renunciar a muchas cosas?

No, al menos no conscientemente. Cuando uno hace lo que quiere, renunciar a cosas prácticas como a algunas horas de sueño cuando hay que entregar un proyecto, no se ven como una gran renuncia.

Si quieres algo con fuerza suficiente, no deberías de sentir que renuncias a nada. En mi caso, yo siempre he querido tenerlo todo: familia, carrera científica y nexo activo con mi país.

Es posible, sólo es necesario quererlo y ser consciente de que no se puede ser la mejor madre, la mejor científica y la mejor directora del programa internacional de MIT con nuestro país; pero seguramente no es necesario ser la mejor, basta serlo lo mejor posible, darlo todo en todo momento; en mi caso hasta ahora ha sido suficiente.

 

Ha habido algún momento en el que has pensado en tirar la toalla?

Cuando haces miles de cosas, y más en investigación, hay un alto porcentaje que no salen, pero también siempre hay al menos una que sí que sale. Cada día encuentro esa única causa por la que no tirar la toalla.

Puede ser un correo de un alumno diciéndome que su estancia en mi laboratorio le cambió la vida; puede ser una conversación con la madre de un niño que en un accidente sufrió quemaduras en el 70% de su cuerpo agradeciéndome que me haya dedicado al campo de la ingeniería de tejidos; puede ser, aunque es menos frecuente, un gran resultado o la aceptación de un proyecto; o simplemente mi hija pequeña diciéndome que de mayor quiere ser como yo o mejor: investigadora, profesora y tener 5 hijos!

 

¿Es complicado compaginar tu vida profesional con tu vida personal?

Mentiría si dijera que es fácil. Requiere tener las prioridades muy claras en cada momento, ser siempre extremadamente eficaz, tener cintura y espontaneidad para sortear dificultades que surgen cada dos por tres (a ser posible con una sonrisa) y un gran equipo humano en el trabajo y en casa.

Cuando mi hija Isabel cumplió 5 años había cruzado el Atlántico 50 veces. Aterrizaba en Barcelona y en el aeropuerto se la quedaban los abuelos mientras yo salía disparada a una reunión o a dar una conferencia. De forma similar, en Boston, mi esposo y familia política han jugado un papel esencial en mis idas y venidas.

Tengo la suerte de que mi equipo de estudiantes y colaboradores, a caballo entre MIT y Barcelona, está integrado por personas excepcionales que comparten valores y motivación conmigo.

 

¿Cuáles han sido los momentos más importantes de tu vida?

Han sido tres. La defensa de mi tesis doctoral en Alemania que me abrió las puertas de MIT el 9 de abril del 96. El nacimiento de mis hijas, Isabel y Sofía. Y finalmente, la primera vez que obtuve cartílago artificial regenerado en el laboratorio (6 de enero del 2015).

 

¿El talento se puede aprender o es innato?

Se nace con algún talento. pero esa base, con educación, esfuerzo y un ambiente que nutra, se puede hacer crecer exponencialmente y dar frutos que superan la previsión más optimista.

 

Comentas que tienes 3 hijos. Tus dos niñas y Regenear. Explícanos en qué consiste tu empresa y por qué decidiste montarla.

Regenerar, como muchas otras iniciativas con éxito, nació de un tema personal combinado que en lugar de convertirse en desgracia, fue una oportunidad de llevar al mercado muchos años de investigación en ingeniería de tejidos para una aplicación concreta, la regeneración de cartílago facial.

Mi ahijada, Andrea, nació con microtia, que significa oreja pequeña, y buscando soluciones posibles con sus padres nos dimos cuenta de que las existentes no nos convencían. De ahí surgió la idea de desarrollar y comercializar cartílago regenerado a partir de una pequeña biopsia del propio paciente.

 

¿Regenear colabora con algún hospital?

Con el Hospital Sant Joan de Déu. El Dr. Paco Parri, cirujano pediátrico en reconstrucción facial, juega un papel fundamental en el proyecto. Es a través suyo que dimos un paso de gigante: de la fase de laboratorio y preclínica, a trabajar con biopsias extraídas de sus pacientes, que de otra forma serían descartadas.

 

Qué nos depara la ciencia y la investigación en los próximos 5-10 años. ¿Habrá muchos avances en medicina?

El siglo XX fue el de la Física y estoy convencida de que el siglo XXI es el de la Biología, que nos permitirá ganarle la batalla a muchas enfermedades que a día de hoy no tienen cura o cuya cura llega tarde o acompañada por múltiples efectos secundarios.

 

¿Te gustaría volver a Barcelona? ¿Qué es lo que más echas de menos?

Con mis proyectos de investigación y de internacionalización tengo la excusa perfecta para visitar Barcelona 3-4 veces al año. De hecho, siento que nunca me he ido. Echo de menos el día a día, el roce, con familia y amigos de toda la vida, pero con las nuevas tecnologías, llevo mucho mejor esa falta.

 

¿Qué te queda por hacer?

Mucho. Me gustaría contribuir a consolidar la colaboración internacional entre Europa y Estados Unidos de manera que la ciencia avance lo más rápidamente posible y sus resultados se conviertan en nuevas y mejores soluciones para los pacientes.

 

 PEQUEÑAS DEGUSTACIONES

 

¿Te gusta el vino?
Me encanta.

 

¿Cuál es el mejor momento para tomar una copa de vino?
Dos momentos: Rodeada de amigos y familia. Después del trabajo, mientras cocinas una buena cena.

 

Una canción para degustar un buen vino.
No se me ocurre una sola canción! Depende de con quién esté, de dónde esté y de la estación del año.

 

Un rincón en el que te perderías
En Cala Saona en Formentera para disfrutar de la puesta de sol o en Prats de Moixaró, por encima de los bosques de Riu de Cerdanya.

 

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Lo paso con mi familia y mis amigos.

 

Un defecto y una virtud.
Defecto: Autoexigencia casi enfermiza. Virtud: Creer que con esfuerzo, todo es posible. Nunca me rindo.

 

¿Qué querías ser de pequeña?
Investigadora.

 

¿Y de mayor?
Investigadora, madre, profesora, mentora, emprendedora, internacional… de mayor me di cuenta de que quería ser muchas cosas y nadie me dijo que era imposible.