El corcho, la silicona y la rosca. Más que una moda.


Ir a descorchar una botella de vino y encontrarnos con tapones para vino de silicona o de rosca. Cinco años atrás, era sorprendente. Ahora es una práctica bastante habitual para según qué tipo de vinos, especialmente para los vinos tintos y blancos más jóvenes.

 

Pero, ¿dónde nos los encontraremos? El tapón de silicona es apto para vinos de consumo rápido. Este tipo de tapón provoca un cierre hermético al vino y evita que entre aire en el interior. Por este motivo, es ideal para vinos que no se espera que evolucionen y sean consumidos en los dos años posteriores a su fecha de embotellado.

El cierre con tapones de silicona, provoca que los vinos se oxiden más rápido y se produzca una ligera absorción de las aromas y pierdan un poco de intensidad aromática.

 

Los tapones para vino de silicona están fabricados a partir de diferentes polímeros plásticos y siliconas. Su producción es más barata y permiten diseños más llamativos a través del uso de diferentes colores. Se presentaron como una solución al TCA (gusto a corcho) pero aún ahora, no se garantiza al 100% que se desarrolle el compuesto (2,4,6-tricloroanisol) que provoca este gusto o olor.

 

También es bastante frecuente encontrarnos con tapones de rosca. Como los tapones de silicona, se utilizan para vinos jóvenes, de consumo inmediato. De todas formas, siempre hay excepciones. En el mercado, existen algunos tapones de rosca que, dependiendo de su revestimiento, permiten diferentes niveles de permeabilidad, permitiendo entonces que se pueda cerrar con ellos algunos vinos de guarda.

 

En el sector de la hostelería el tapón de rosca es muy práctico, pues permite servir vino por copas y volver a cerrar la botella cuantas veces se necesite. Sin embargo, elimina completamente el ritual del descorche (valorado por muchos consumidores) y no es apto para vinos con tendencia a reducción, porque el cierre es más hermético.

 

La aparición y uso de este tipo de tapones de vino -tanto los de silicon como los de rosca–, lo extendieron productores de vino de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, principalmente. Países de influencia anglosajona que son nuevos productores de vino a nivel mundial y que obviaron el uso del corcho como elemento de cierre. España, Portugal y Francia, productores de corcho, siguen apostando por el tapón de corcho tradicional.

 

El corcho, para los vinos de guarda

 

Los tapones de corcho tradicionales permiten la evolución del vino. Por ello, es adecuado para conservar vinos de guarda, que se espera, mejoren con el tiempo en botella. En esta fase, el vino necesita oxigenarse para ir evolucionando y por ello es imprescindible que esté cerrado con un tapón de corcho. De esta forma, el vino afinará su tanicidad, mejorará sus aromas y se desprenderá de cierta astringencia, ganando complejidad y matices.

 

Sobre gustos, no hay nada escrito, pero sí que es cierto que la gran mayoría de los consumidores cuando compran un vino esperan encontrar un tapón de corcho tradicional al abrir una botella. Forma parte del ritual. Separar la cápsula, clavar el sacacorchos lo más centrado posible, introducirlo hasta el final, clavar y empezar a desenroscar.

 

Una vez abierto, y con el sonido característico, mirar el tapón y olerlo. Si no hay nada raro, el buen vino está a punto de entrar en tu paladar. ¿Lo probamos con un vino de los nuestros?

 

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